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El grito de Crunch

La cena de Crunch
zanahoria
Zanahoria poronga

Ya era tarde y la noche silenciosa. Se puso a rallar una zanahoria y empezó a sentir como vocecitas. Se detuvo para hacer menos ruidos, pensando que habría alguna radio con auriculares encendida. Cuando limpió los restos de zanahoria con los dedos resurgió el murmullo. Continuó haciéndolo mientras se arqueaba para estar más cerca de la fuente de sonido. Se dio cuenta de su estupidez, se irguio y empezó otra vez a pasar los dedos, ahora acercándose lentamente las manos a la cara pero todo desapareció. Cenó y se fue a dormir. A la mañana estalló en un estruendoso grito naranja que lo reventó irreconocible.

Patricio Peralta

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