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Final del cuento


Gordo fofo, no te quiere ni tu madre
Una idea.
Culo sucio.
El final de un cuento o el comienzo del otro, de un cadáver exquisito quizás.
El Tiempo dirá.







El culto jefe de gomierdo





Si no se entendió, clic acá
Le pregunté a Rodriguez Larreta si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".
—Ah, es una delicia –me respondió–, ya estoy leyéndolo. 






Paráfrasis mecánica de " La culta dama" de  José de la Colina.



José de la Colina

De yapa (I), otro microrrelato del mismo autor:

LA BELLA DURMIENTE

El príncipe despertador besó a la bella durmiente, que despertó mientras él se dormía, y ella entonces lo besó a él, que despertó mientras ella volvía a dormir, entonces él…







Selecciones 8



La SÉPTIMA entrega.

Ya expliqué en esta entrada de qué se trata.











Selecciones v8.0


Hay más mujeres que cualquier otra cosa, excepto insectos,
 (De la película Gilda)


Yo me paso todo el invierno en quitarme el frío. Y todo el año en quitarme la inexistencia.
Macedonio Fernández, colaboración de la Zapaya


+ sueños 1.0
Conozco a un hombre que dormía con sus brazos. Un día se lo cortaron y se quedó despierto para siempre.

Cesar Vallejo


Amor 77

Julio Cortázar
Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
Julio Cortázar, Colaboración simultánea de Maia y El Comandante Humita  (para mí que hay algo entre ellos, un 77 quizás)

Métodos de desobediencia cívica:

Sentadas: se efectúa el traslado al lugar previsto y se procede a sentarse, pero hay que estar sentado todo el tiempo. De otro modo, como se estaría es en cuclillas, postura que carece de significado político. 
Manifestaciones: el aspecto clave de una manifestación es que tiene que ser visible. Si una persona se manifiesta con carácter privado en su domicilio no constituye técnicamente una manifestación, sino meramente una acción estúpida o comportarse como un asno

Woody Allen

Un viejo lobo espacialv2.0

Carlos Gardini
Mi raza no es demasiado inteligente, sino más bien estúpida. Por eso somos fáciles de cazar. Pero como somos estúpidos, somos difíciles de retener. Siempre nos escapamos: no porque nos apasione la libertada, sino porque somos demasiado estúpidos como para pensar en las consecuencias de la fuga. Los cazadores nos atraen con espejitos, y nunca fallan. Pero cuando nos cansamos de los espejitos (somos vanidosos, y los espejitos nuevos pronto nos cansan, igual que las caras nuevas) nos escapamos. Aunque nos encierren bajo llave, aunque nos den latigazos, aunque nos marquen con hierros candentes, aunque nos amenacen con la horca o la guillotina o los trabajos forzados, siempre nos escapamos. A veces los cazadores nos matan, a veces se resignan. Buscan más espejitos y vuelven a cazarnos. Nosotros nos miramos las caras nuevas en los espejitos nuevos hasta que nos volvemos a cansar y volvemos a escaparnos. Siempre es así, pero del parque de diversiones no escapé nunca, porque nadie escapa del Espejo de Fuego.
Carlos Gardini, Juegos Malabares


f

Muchas de las figuras estaban trazadas sobre el mismo plano horizontal que me sostenía; otras eran verticales, cortando el plano, u oblicuas; las había tangentes al plano y luego, la gran mayoría, estaban Como flotando en distintas posiciones sin ningún contacto con el plano; y esa especie de bosque geométrico crecía hacia arriba sin que lograse ver hasta dónde. Tampoco me era posible calcular el perímetro que abarcaba esa zona, por más que, desde la distancia, me había parecido mucho más limitada que esta inmensidad compleja que ahora se exhibía ante mis ojos.
Mario Levrero
Algunas figuras estaban trazadas sobre trozos de planos, pero de muchas de ellas sólo quedaba el dibujo del contorno, sin la materia sobre la cual  habían sido inscriptas  misma materia uniforme que había encontrado hasta . ahora, la que podía atravesar si lo deseaba, pero de cuyos bordes afilados debía precaverme; había figuras perfectamente paralelas al plano horizontal, y si por azar alguna llegara a encontrarse a la altura de mis ojos me habría sido imposible verla, y podría sufrir un corte fatal. Debía, pues, moverme con la máxima cautela.
A medida que me internaba en el laberinto geométrico reconocía pentágonos, hexágonos, triángulos, cuadriláteros. Escaseaban las líneas curvas, y los círculos y las circunferencias se encontraban muy de tanto en tanto. También había infinidad de figuras irregulares, aunque el trazo de sus contornos siempre era nítido y perfecto.
 Novela Geométrica, Mario Levrero

Amor 88
Somos dos, por error, que la noche corrige.
Eduardo Galeano




Virus

Había un juego de ordenador, me lo dieron,
uno de mis amigos me lo dio, él jugaba,
dijo, es genial, deberías jugar,
y lo hice, y lo era.

Lo copié del disquete que me dio
para cualquiera, quería que todo el mundo lo jugara.
Todo el mundo debería pasárselo así de bien.
Lo envié por la red a tablones de anuncios
pero principalmente se lo envié a todos mis amigos.

(Contacto personal. Así es como me lo habían dado a mí.)

Mis amigos eran como yo: a algunos les daban miedo los virus,
alguien te daba un juego en un disquete y a la semana siguiente
o en viernes 13
te reformateaba el disco duro o te corrompía la memoria.
Pero éste nunca lo hizo. Este era segurísimo. 
Empezaron a jugar:
cuanto mejor juegas más difícil se vuelve el juego;
quizás no ganes nunca pero puedes llegar a ser bastante bueno.
Yo soy bastante bueno.

Por supuesto que tengo que pasar mucho tiempo jugando.
También lo pasan mis amigos. Y sus amigos.
Y las personas que te encuentras, las ves,
que andan por las autopistas viejas
o hacen cola, lejos de sus ordenadores,
lejos de las salas de juegos que surgieron de la noche a la mañana,
pero que lo están jugando en su cabeza mientras tanto,
combinando formas,
cavilando sobre curvas, poniendo colores junto a colores,
girando señales hacia secciones nuevas de la pantalla,
escuchando la música.

Claro que sí, la gente piensa en él, pero sobre todo lo juega.
Mi récord son dieciocho horas seguidas.
40.012 puntos, 3 fanfarrias.

Juegas a pesar de las lágrimas, el dolor de muñeca, el hambre, 
después de un rato
todo desaparece.
Todo menos el juego, debería decir.

Ya no me quedas sitio en la mente; sitio para otras cosas.
Copiamos el juego, se lo dimos a nuestros amigos.
Trasciende el lenguaje, ocupa nuestro tiempo,
a veces creo que últimamente me olvido de las cosas.

Me pregunto qué le pasó a la TV. Antes había TV.
Me pregunto qué pasará cuando me quede sin comida enlatada.
Me pregunto adónde ha ido toda la gente. Y entonces me doy cuenta de que,
si soy lo bastante rápido, puedo poner un cuadrado negro junto
a una línea roja,
duplicarlo y hacerlos girar para que ambos desaparezcan, 
duplicarlo y hacerlos girar para que ambos desaparezcan, 
despejando el bloque izquierdo
para que suba una burbuja blanca...

(Así que ambos desaparecen.)

Y cuando la electricidad se apague para siempre entonces
lo jugaré en la cabeza hasta que me muera.

Neil Gaiman, colaboración de sotelo/

Cantata

Las almas repudian todo encierro
las cruces dejaron de llover.
Sube al taxi nena, 
los hombres te miran,
te quieren tomar.
ojo al ramo nena,
las flores se caen, tienes que parar.

Vi las sonrisas muriendo en el carrousel,
vi tantos monos, nidos, platos de café,
platos de café, ah.

Guarda al hilo, nena,
guarden bien tus manos
esta libertad.
Ya no poses nena,
todo eso es en vano,
como no dormir.

Aunque me fuercen yo nunca voy a decir
que todo tiempo por pasado fue mejor,
Mañana es mejor.


Luis Alberto Spinetta


Carta abierta al juez Bonadío


por Jorge Rachid

Sr. Bonadío en primer lugar quiero agradecerle a usted, la persecución impiadosa desplegada por su
Juzgado, sobre Cristina Fernández de Kirchner, ya que la misma permitió a millones de  argentinos, rememorar la vida que tuvimos los argentinos durante doce años, de un peronismo del cual usted abjuró.
La revolución fusiladora los hizo más grande a Perón, la Resistencia se fortaleció en su persecución, degradación, excomunión, fijando los objetivos políticos del Perón Vuelve. Lo mismo le pasó a Mitre y Sarmiento cuando quisieron enterrar la memoria de Rosas, Artigas, Andresito, Juana Azurduy descriptos como “la barbarie”, siendo hoy ejes emblemáticos de nuestra nacionalidad. Hubo en esos tiempos hombres como usted, aunque con mayor talento, al menos literarios como Florencio Varela, que no dudó en ofrecer la Argentina a la Corona Británica, o Miguel Cané que como diputado, propuso la desgraciada Ley de Residencia que expulsaba extranjeros, al mejor estilo Trump de hoy.




Pero usted Bonadío no sólo expresa en su conducta un rencor profundo, un odio, que en el jardín de infantes de psicología se estudia como canalización de sus propias frustraciones, la cual quiere esconder detrás de la figura de matón judicial. Es lógico que esté frustrado, creyó que con sólo acceder al cargo sin otro mérito, ni carrera judicial que lo justificase, por medio de una lamentable supuesta militancia política que junto a Manzano, Corach, Moldes, Mazzon, cambiaron y vendieron sueños por dinero, en el tráfico ideológico de los 90 del menemato, alcanzaba "el éxito".
Será por eso que recibió golpes jurídicos al sobreseer sin investigar a los funcionarios de esas épocas, sus compañeros de ruta en el Ministerio del Interior y en el gobierno. Nunca estuve de acuerdo con la judicialización de la política, ni antes ni ahora, pero usted se transformó en un ariete mercenario de los poderes hegemónicos que lucran con su ignorancia jurídica, lo envían al combate por defender sus intereses y usted en su incapacidad queda expuesto. “Roma no paga traidores”, agregaría yo, ni mercenarios en la historia, no será distinto ahora, cuando su afán de “mejor alumno” lo hace avanzar con figuras tan insólitas como “asociación ilícita” al gobierno anterior o a la familia Kirchner. Sin dudas un hallazgo de la imaginación jurídica que será estudiada en los manuales del “no hacer”.
Su mediocridad no sólo avanza sobre la ex Presidenta, sino sobre sus hijos, sus cuentas, sus gastos diarios, suspende la pensión del marido muerto, clausura la herencia de los hijos, embarga bienes y juega a aparecer en los medios los fines de semana, con fallos los viernes para ocupar el lugar mural del periódico. Toda una estrategia comunicacional dada, donde los medios se enteran de sus medidas antes que las partes, porque ellos es de suponer, la escriben previamente.
Usted siempre quiso ser, nunca pudo, de ahí su odio. Entró por la ventana al lugar que ocupa, no es respetado por sus colegas, ni querido en Tribunales, carga dos muertos jóvenes, en un asalto, uno con disparos en la espalda que fue saludado efusivamente como “un vengador” de la claque de “mano dura”, periodistas, militares condenados, fascistas conocidos en esa caterva que le sirve de coro, que acaricia sus fallos contra todo lo que huela a peronismo, hoy usted es “el fusilador del 55”.

Quizás no tolere la fortuna de Cristina, declarada año a año desde 1985, con crecimiento patrimonial demostrado, porque la suya Bonadío no la puede mostrar, ni nadie sabe de donde salió. Ese rencor que expresa, es parte de mediocridad, si lo hubiese leído a Perón en vez de trepar a cualquier precio una escalera al éxito de la nada, sabría que la gente sabia “negocia con los malos, no con los estúpidos”, porque los primeros pueden tener códigos, pero los sonsos como usted, lo pueden llevar a cualquier lado. Mire Bonadío, usted se declara incompetente en la causa y sigue produciendo hechos, esconde su incompetencia en los pliegues de una Justicia que en niveles superiores ya le dieron retos de “flojedad de papeles”. Su odio es superior a su pensamiento, lo cual hace de usted una pobre persona a la cual la mayoría de los peronistas, pensamiento y doctrina de valores y principios, a los cuales usted alguna vez, alegremente adhirió con tanta firmeza como el agua que se evapora con el calor, ni siquiera le tengamos rencor, sino lástima, por ser tan poca cosa, que la historia se encargará de sepultar, como un mal recuerdo.
Una vez más gracias, su ineptitud y su persecución vengadora, han permitido al pueblo argentino pensar y revalorizar una figura que hoy constituye el único liderazgo político en la Argentina, frente a seres tan mediocres como los que usted representa, desde el presidente al dueño del multimedio, quienes lo usan hoy, como lo tirarán mañana al tacho de la basura, bajo la batuta de la Embajada de EEUU, que usted frecuenta. Nadie quiere convivir con la mugre, después de haber ensuciado la Patria.
Sin más, sólo deseo que su conciencia, si alguna vez le funciona, haga una disculpa pública al pueblo argentino por haber mancillado la Justicia.
Jorge Rachid

Selecciones 7

La SEXTA entrega.
Ya expliqué en esta entrada de qué se trata.
Selecciones v7.0
En el sufrimiento se sueñan fiestas. Macedonio Fernández, colaboración de la Zapaya

Palabras 1.0


Magda recorta palabras de los diarios, palabras de todos los tamaños, y las guarda en cajas. En cajas rojas guarda las palabras furiosas. En caja verde, las palabras amantes. En caja azul, las neutrales. En caja amarilla, las tristes. Y en caja transparente guarda las palabras que tienen magia.
A veces, ella abre las cajas y las pone boca abajo sobre la mesa, para que las palabras se mezclen como quieran. Entonces, las palabras le cuentan lo que ocurre y le anuncian lo que ocurrirá.
Eduardo Galeano

e

Una marcha lenta y uniforme me permitía caminar eternamente sin cansancio. Luego descubrí que la única forma de llegar a alguna parte, quiero decir, a algo distinto de aquella vasta uniformidad plana, era dejar de lado la esperanza y con ella, desde luego, los recuerdos. Apenas logré desterrar la esperanza vi a lo lejos algo que me pareció una jungla, o un cielo estrellado. Enfilé hacia allí pero la ansiedad por llegar me fatigaba y envejecía, y la esperanza hacía que la distancia que me separaba de aquello sea siempre la misma. Sólo cuando logré aquietar mi mente, dejarla más o menos en blanco al descansar en un lugar "simpático", pude acortar la distancia. Esto generó nuevamente la ansiedad, y así mi viaje se transformó en una interesante lucha contra mis sentimientos; mientras tanto, el objetivo se iba acercando. Pude ver que se trataba en realidad de un vasto lugar repleto de figuras geométricas, predominantemente polígonos. Por fin pude llegar y penetrar en esa zona.

Novela Geométrica, Mario Levrero

Mario Levrero

Vuelo de noche


No necesito escribir, es apenas un ejercicio, una forma de matar el tiempo, de ganarle, de impedir que él me mate a mí. Necesito decirlo, el hecho me hace pensar de otra forma. Casi comprender. Decidir.
Camino de un lado a otro hablando sin hablar. Contando sin decir.
Espero con ansias aquella llamada que va a cambiarme la vida, la que me queda. Salvarme la vida. Hacérmela digna. He sufrido y trabajado demasiado. Debería obtener lo mío, el sacrificio está hecho.
Hoy puede ser un gran día, o uno pequeño, o el primero, o el último, el teléfono dirá.
Me he imaginado una infinita cantidad de diálogos posibles. Todos elogiosos, felicitaciones, buenas noticias.
No sé si puedo resistir la espera, la llamada debe ocurrir pronto. No he dormido en toda mi noche, temeroso de no despertar por alguna razón. Esperé todo el día, por eso me arden los ojos. En un momento será nuevamente de noche. Cada instante me aterra, no sé si mañana voy a estar vivo según haya o no recibido esa llamada. Mi dignidad está vencida, mañana vence la luz, la próxima semana el gas. Por suerte me prestaron plata para el teléfono; anda de verdad, no crean que estoy loco como Gupi Golber.
Gracias a quién sabe quién, mi fortuna me mantiene con una salud envidiable, ningún percance que entristezca mi pasar. Sobrevivo duramente como hierba mala. Como la resignación de las plantas que crecen en las canaletas tapadas o entre los ladrillos de los tapiales.
No tengo nada que hacer, nada en que pensar, nada que leer, nadie viene a verme, no tengo ganas de salir. Sólo la espera me aburre y a la vez me entretiene. El tiempo es una montaña que me aplasta, pero no del todo, sólo me hace agonizar, me mantiene vivo para eso. No puedo superar esto, estoy desesperado, es muy difícil no saber si mañana voy a estar respirando o no.
Por eso decido aclarar las cosas, despejar todas esas dudas que carcomen mi cerebro. Cortar por lo sano, que se jodan los demás, los que me ignoraron. Mi disparo no fue certero, me equivoqué al usar mi mano derecha. Un acto reflejo se interpuso, traidor como el tiempo y mis amigos. ¿Son mis oídos los que retumban? Tardo un instante en perder el conocimiento. Un maldito y abominable instante. Algo más que el olor a pólvora se presenta en mi habitación. Resuena después que el eco emboca en el hueco de la ventana. No es el crepúsculo. Es una onda que sacude el aire a nivel microscópico. Conocés la naturaleza de esa estridencia, la has escuchado miles de veces, millones. Como yo.
Creo que es ella la que muere cuando todo es negro.
Extiendo mis alas.
Patricio Peralta R

Viaje a Juárez

El micro salió desde la terminal a las 5:45. Yo iba a una ciudad -Barker, se llamaba-, que estaba a unos 30 kilómetros de Benito Juárez. En diez días tenía que encontrar, junto a un grupo de estudiantes de teatro, y mediante la investigación de datos históricos y anécdotas del lugar, un texto para una posible propuesta dramática. Solamente llevaba el título del trabajo: ¿QUIÉN ES BARKER?
Mientras caminaba por el pasillo hacia los asientos del fondo (los cinco estaban vacíos) crucé una mirada con una mujer que estaba por la mitad del micro. Pensé que su nombre era Marta. Por el piloto cruzado y el pelo lacio que le caía hasta las solapas, le agregué Helena. María Helena, me dije, y comencé a leer los primeros titulares del diario, olvidándome del asunto.
El micro se movía de manera blanda por calle 44, y cuando llegamos al cruce con la Ruta 2, sentí sobre el costado izquierdo de mi cara 1os primeros rayos de sol y me dormí.
Me despertaron las voces de asombro de los demás pasajeros, quienes a ambos lados del micro, miraban algo por las ventanillas. Yo también miré, pero la luz del sol que rebotaba en el agua me hizo doler los ojos y fui hacia el lado derecho. Marchábamos sobre una gran extensión de agua marrón que desbordaba y cubría la ruta. A no más de 40 kilómetros de velocidad y con las ruedas sumergidas hasta la mitad, el micro iba dejando una estela como si fuera una gran nave. La situación me pareció parte de un sueño, sobre todo al sentir a mi costado la presencia de la mujer con la cual había cruzado una mirada por la mitad del micro cuando subí rumbo a Juárez. Se acercó aún más a la ventanilla y a mi cara, y sentí su respiración ansiosa junto a mi oreja. La mujer intuía algo y me contagió la sensación. Ahora ambos estábamos arrodillados sobre el asiento, y sentí su cuerpo a través de la ropa como si estuviéramos desnudos. En una lomada donde había un pequeño molino plateado, y en donde el agua todavía no llegaba, una piara de chanchos con sus crías miraban la escena de la nave qué cruzaba el agua y se zambullía hacia nosotros.
Los chanchos, con sus pezuñas, se iban degollando al nadar. Detrás de la estela de agua explotaban silenciosamente, dejando una mancha de sangre. Las manos de la mujer y las mías, ahora entrelazadas y húmedas, buscaron mantenerse a flote de la escena, y luego fueron las miradas y los labios para no hundirnos. Los chanchos pataleaban en el agua: morían sin saberlo; nosotros comenzamos a desnudarnos para cumplir un último rito decisivo. Ahora ya estábamos tirados largo a largo en el asiento, y era todo saliva y transpiración. Sin embargo, no emitíamos ningún sonido para que los demás pasajeros no vieran la escena. Hasta que hubo un momento en que olvidarnos el entorno, ya uno dentro del otro comenzamos a gritar como animales. Todos miraron hacia atrás, pero en lugar de asombrarse al ver la escena, los gestos fueron de alegría tribal: había que matar a ese par de chanchos que, por rara casualidad, habían ido a parar a los asientos del fondo del micro. Alguien me pegó en los riñones con una madera y luego sentí una patada en las costillas. Nos cegaron cubriéndonos con sacos y tapados y comenzaron a saltar sobre nosotros a los gritos. Estaba aún vivo cuando sentí una soga en los tobillos para colgarme de un pasamanos que había en el techo del micro. Quedé bamboleándome cabeza abajo con mi cuerpo fofo como una pelota de trapo mojada. Frente a mí, desnuda y muerta, con el pelo lacio y rojo de sangre, la mujer giraba sobre sí misma, colgada también del techo. Quise decir algo, y solamente un coágulo de saliva y sangre salió por el hueco de lo que había sido mi boca. Entonces sentí una patada en el hombro y un grito. Abrí un ojo amoratado y vi al hombre que con una falsa sonrisa me decía que ya estábamos en Juárez.
Ricardo Ibarlin



Sopla el viento, Bocha, sopla

Los perros ladraron diferentes, casi chillaron como un hombre asustado.
A la mierda, acá debe haber algo.
Buscó entre algunas jarillas, que parecía increíble que aún existiesen. Al tocarlas largaron su olor particular. El Bocha pensó que después las cortaría para un asado con gusto especial. Sus ojos oscuros miraban tratando de taladrar los yuyos.
Los perros gruñeron al encontrar la zapatilla casi escondida debajo de la tierra suelta y seca. Comenzaron a escarbar hasta que salieron los restos de un pie y después los restos del cuerpo. El Bocha sin poder controlarlo, largó el vomito encima. Era el loco Lucho. Reconoció perfectamente la ropa, esa, tan de pituco del barrio Dalvian que le gustaba usar. Hacía un mes que lo buscaban, él y la policía. Por esa zona pasó veinte veces y ahora por fin lo encontró. Tenía que esconderse, sino sería el próximo. El asco fue por el olor nauseabundo que despedía el cadáver putrefacto. Y tal vez una cierta lástima. En aquel ambiente no se sentía demasiado una pérdida, prevalecía el miedo y el anhelo de no ser el próximo. Una cultura diferente. El “trabajo” los hacía duros, bloqueados, no había ocasión para nada más. El Bocha y el Loco, con su forma de ser, lideres autoritarios, despertaban temor, averiguaban convidando una cerveza, dando porros, suministrando armas caseras y de las otras, diciendo que andaban en la pesada, siempre con unos pesos en la mano, así, conseguían los datos. Creían que nada podía pasarles, eran amigos de la cana. En La Alumbrada todos conocían los códigos, sabían que nadie podía confiar en nadie, se la jugaban a cada instante. El significado de la vida era sobrevivir, cada instante era rico en urdir estrategias para lograrlo.
Ahora el Loco estaba ahí, por la mitad, comido por las alimañas del campo y los perros cimarrones. Miró para todos lados, escuchó un viento frío, que soplaba semejando silbidos.

El tableteo interrumpió los sonidos de los ladridos y hasta el soplar del ventarrón Solo quedó un remolino furioso que levantó la tierra seca, cubriendo los cuerpos. La mano inerte del Bocha quedó prendida al cadáver de uno de los perros, que, sangrantes, con los ojos abiertos igual que los del hombre, parecían mirar el cielo para entender porqué.
Lila Levinson.

La vida color de rosa


Si quiere ver la vida color de rosa eche Veinte Centavos en la ranura: es como en la vieja canción, pero con la inflación los Veinte Centavos no pueden ser siempre veinte centavos. Por eso en mi casilla vendo cospeles que dicen Veinte Centavos. Los cospeles de Veinte Centavos aumentan de precio constantemente, no sólo por la inflación sino porque hay mucha gente que quiere ver la vida color de rosa, pero siempre dicen veinte centavos y son como un atisbo de estabilidad en medio de tantos cambios. Esa estabilidad es una mentira, pero en el parque de diversiones todo es una mentira y el que piense lo contrario es un hipócrita o se equivocó de lugar.
Juegos Malabares, Carlos Gardini


La interna peronista



En este momento hay un montón de rumores, nada concreto y mucho chicaneo berreta.
Como si hubiera odio y resentimiento.

Cristina no apoyó la candidatura de Randazzo a la presidencia, dicen que le pidió bajarse la gobernación. Más allá del mito de la bruja de Tolosa, nadie en su sano juicio con pretensiones presidenciales querría gobernar la provincia de Buenos Aires con un gobierno nacional comandado por Scioli o por Macri, por el caso de que esa postulación de Randazzo contribuyera al triunfo de Scioli.
Pero Cristina no lo apoyó, le dio un candidato a Scioli, y aunque no le prohibió nada a Randazzo, lo dejó librado a su suerte.
Parece que quedaron resentimientos.

Ahora que "necesitamos" unidad, esos resentimiento salen a la luz, Randazzo quiere competir, Cristina quiere, según rumores y declaraciones de intendentes (saludo a los tilingos que escriben "alcalde"), evitar las paso y haría un nuevo frente electoral.
Me pregunto cuáles son los verdaderos intereses de los políticos.


No me queda otra que recordar el Gran Gabriel García Márquez

Fragmento de "Cien años de soledad",  sobre el poder.

En la calurosa sala de visitas, junto al espectro de la pianola amortajada con una sábana blanca, el coronel Aureliano Buendía no se sentó esta vez dentro del círculo de tiza que trazaron sus edecanes. Ocupó una silla entre sus asesores políticos, y envuelto en la manta de lana escuchó en silencio las breves propuestas de los emisarios. Pedían, en primer término, renunciar a la revisión de los títulos de propiedad de la tierra para recuperar el apoyo de los terratenientes liberales. Pedían, en segundo término, renunciar a la lucha contra la influencia clerical para obtener el respaldo del pueblo católico. Pedían, por último, renunciar a las aspiraciones de igualdad de derechos entre los hijos naturales y los legítimos para preservar la integridad de los hogares.
Gabriel García Márquez
-Quiere decir -sonrió el coronel Aureliano Buendía cuando terminó la lectura- que sólo estamos luchando por el poder.
-Son reformas tácticas -replicó uno de los delegados-. Por ahora, lo esencial es ensanchar la base popular de la guerra. Después veremos.
Uno de los asesores políticos del coronel Aureliano Buendía se apresuró a intervenir.
-Es un contrasentido -dijo-. Si estas reformas son buenas, quiere decir que es bueno el régimen conservador. Si con ellas logramos ensanchar la base popular de la guerra, como dicen ustedes, quiere decir que el régimen tiene una amplia base popular. Quiere decir, en síntesis, que durante casi veinte años hemos estado luchando contra los sentimientos de la nación.

No me gusta que Randazzo tenga que tejer una alianza con Granados y algún que otro impresentable. ¿Pero Cristina va ir con Scioli? Él debería ser parte del pasado, un tipo que siempre midió bien, pero fue un gestor mediocre. Hizo la plancha en un montón de áreas. Conozco el caso de un ministerio que tenía empleados y no tenía presupuesto. No hacía nada. No les miento al decirles que organizaban talleres artísticos para aprovechar el rato y el espacio.

Esperaba un gesto de unidad, parece que Cristina le ofreció a Randazzo encabezar la lista de diputados por la provincia. Randazzo no quiere, quiere ser senador, y eventualmente competir en las PASO.
Yo espero un gesto de Cristina, como dije apenas empecé, le debe un candidatura.
Que construya unidad, que tenga un gesto de humildad alguna vez en su vida, que vaya ella como candidata a diputada y Randazzo a senador.

Los dejo con un frase de Roger Water, que una vez escribí en tiza en un pizarrón mientras cursaba mis estudios secundarios.

"Teacher, leave the kids alone"



“La obra maestra”

 “La obra maestra”, de Álvaro Yunque



 El mono cogió un tronco de árbol, lo subió hasta el más alto pico de una sierra, lo dejó allí, y, cuando bajó al llano, explicó a los demás animales: -¿Ven aquello que está allá? ¡Es una estatua, una obra maestra! La hice yo. Y los animales, mirando aquello que veían allá en lo alto, sin distinguir bien qué fuere, comenzaron a repetir que aquello era una obra maestra. Y todos admiraron al mono como a un gran artista. Todos menos el cóndor, porque él era el único que podía volar hasta el pico de la sierra y ver que aquello sólo era un viejo tronco de árbol. Dijo a muchos animales lo que había visto, pero ninguno creyó al cóndor, porque es natural en el ser que camina no creer al que vuela.


Selecciones 6

La QUINTA entrega.
Ya expliqué en esta entrada de qué se trata.

Selecciones v6.0

Me pregunto qué poseo verdaderamente.
Me pregunto qué subsistirá de mí después de mi muerte
Nuestra vida es breve como un incendio. Llamas que se olvidan, cenizas que el viento dispersan: un hombre ha vivido
Omar Khayyam



SOLA Y SU ALMA

Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto.
Golpean a la puerta.

 Thomas Bailey Aldrich, Colaboración de  Zolla






d
Después de un larguísimo trecho sólo encontré un árbol seco, una semilla que parecía haber cumplido milagrosamente su ciclo vital en ese plano desértico, y mucho más allá, una herradura oxidada. Nada más.
Levrero
La forma de referirme al tiempo es, relacionándolo con el espacio recorrido, pero en ese espacio totalmente uniforme, aparentemente infinito, esta relación no ayuda mucho. Sólo me quedaba la referencia de mi propio cansancio, de mis ritmos vitales, de mi envejecimiento; pero a poco noté que tampoco eso tenía un significado allí. No sentía hambre ni sed, y mi cansancio físico y mi envejecimiento estaban en relación directa con mi ansiedad. Cuando lograba liberarme de la ansiedad, me sentía joven y descansado; cuando me atacaba el anhelo de alcanzar de una vez por todas la superficie, podía envejecer años en pocos minutos.
También descubrí que a pesar de la aparente uniformidad del plano había ciertos lugares más apropiados que otros para el descanso rejuvenecedor; por alguna razón de simpatía, ciertos lugares me quitaban la tensión y el cansancio y en ellos sólo existía el peligro de un rejuvenecimiento tan rápido y extremo que pudiera llevarme a formas anteriores de vida.
Novela Geométrica, Mario Levrero



Sexo del Neocriollo
Son órganos de la Acción de la palabra, las manos, los pies, el tubo digestivo y los instrumentos de la generación. El idioma del Neocrillo será entre metafísico y poético, sin lógica ni gramática. Sus manos y sus pies tendrán una magnitud hasta hoy desconocida; y responderán a un complicado sistema de palancas de segundo y tercer grado. Ya les dije que el Neocrillo se nutrirá de perfumes, rocíos y otras quintaesencias, gracias a lo cual su tubo digestivo será de una simplicidad absoluta y no emitirá gases putrefactos ni repugnantes mierdicolas... Ahora bien sus órganos de la generaciones estarán signados así: los testículos por Venus y el penis por Mercurio. Decribiré su forma....
-¡Xul Solar! Una palabra más y lo echo de la tertulia.
Adán Buenosayres, Leopoldo Marechal.

Cuento sin nombre

Había una vez un glomerito1 que era profesor de Ética en un instituto de readaptación de delincuentes. Dictaba su cursillo en un hormiguero porque las clases eran obligatorias para las hormigas, delincuentes natos capaces de matar en una sola noche, como enviadas por Herodes, a todo lo recién nacido, hijo de la Primavera. Se sentaban en primera fila los escarabajos, penados por ultrajar el pudor de las violetas, y que sólo habían confesado en su descargo que, entristecidos por su obscura condición, habían querido embriagarse con aquellas florecillas moradas, escondidas tras el abanico de sus hojas. Asistían al curso también las abejas, allí encerradas por calumniar a las mariposas, amigas de los colibríes, a quienes invitaban a su mesa, tendidos los mantelitos de no-me-olvides. Y estaban los gusanos, habituados a vivir en la sombra, arrastrándose siempre como los miserables. Había allí una luciérnaga, que cuando las campanillas azules llamaban a misa para las capillas de los lirios, se escondía en un ramo de lilas (internado para florecillas) y así jugaba con ellas, con gran escándalo de las celadoras. Tenía una pena leve y era un preso modelo. Vivían felices en la cárcel, donde nunca faltaba azúcar, ni les preocupaba la vivienda, ni el precio de los transportes o la carestía de los garbanzos. La libélula, que regía los destinos de los penados, había preparado para ellos un mundo que los hacía más buenos y el glomerito les enseñaba que en el corazón de los otros seres vivían la comprensión y la ternura, sólo había que descubrirlas. Pero el glomerito "vivía" en el mundo, y él había visto devorar impunemente el felpudillo de las margaritas, estrujar las flores de manzano y profanar la candidez de la azucena. Por eso vivía triste pensando en esos seres que sólo ansiaban volver a la luz, cuando la luz estaba únicamente en la esperanza y el mundo estaba a oscuras por la maldad y la mentira.
Hasta que un día el profesor de Ética, doctor en Teología, Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Morales, se decidió a cometer el crimen más tremendo en aquel reino de las flores: devoró el corazón del hijo de la rosa, la reina del jardín, la rosa roja, ante la cual todo rumor de insecto se callaba y todo vuelo se abatía.
Sentado en un banquillo, conocí al glomerito, esperando que un nuevo profesor de Ética encendiese en su corazón la luz de la esperanza, en un mundo que él dejó en tinieblas.

 Lina Husson, Cuentos Insulínicos (La Plata,1952), Colaboración de Ana Oleastro


GOTAN
Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.
Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.
Dentro de mí  estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.
Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.
Juan Gelman, colaboración de Martha Miel(ero)


Germinación de qué poroto
De todas las criaturas que hasta entonces anduvieron por la Tierra, los mono-humanoide fueron los primeros en contemplar fijamente a la Luna. Y aunque no podía recordarlo, siendo muy joven Moon-Watcher quería a veces alcanzar, e intentar tocar, aquel fantasmagórico rostro sobre los cerros.
Nunca lo había logrado, y ahora era bastante viejo para comprender porqué. En primer lugar, desde luego, debía hallar un árbol lo suficientemente alto para trepar a él.
A veces contemplaba el valle, y a veces la Luna, pero durante todo el tiempo escuchaba. En una o dos ocasiones se adormeció, pero lo hizo permaneciendo alerta al punto que el más leve sonido le hubiese despabilado como movido por un resorte.
A la avanzada edad de veinticinco años, se encontraba aún en posesión de todas sus facultades; de continuar su suerte, y si evitaba los accidentes, las enfermedades, las bestias de presa y la inanición, podría sobrevivir otros diez años más.
La noche siguió su curso, fría y clara, sin más alarmas, y la Luna se alzó lentamente en medio de constelaciones ecuatoriales que ningún ojo humano vería jamás. En las cuevas, entre tandas de incierto dormitar y temerosa espera, estaban naciendo las pesadillas de generaciones aún por ser.
Y por dos veces atravesó lentamente el firmamento, alzándose al cenit, y descendiendo por el Este, un deslumbrante punto de luz más brillante que cualquier estrella.
Moon-Watcher se despertó de súbito, muy adentrada la noche. Molido por los esfuerzos y desastres del día, había estado durmiendo más a pierna suelta que de costumbre, aunque se puso instantáneamente alerta, al oír el primer leve gatear en el valle.
Se incorporó, quedando sentado en la fétida oscuridad de la cueva, tensando sus sentidos a la noche, y el miedo serpeó lentamente en su alma. Jamás en su vida -casi el doble de larga que la mayoría de los miembros de su especie podían esperar- había oído un sonido como aquel.
Los grandes gatos se aproximaban en silencio, y lo único que los traicionaba era un raro deslizarse de tierra, o el ocasional crujido de una ramita. Mas éste era un continuo ruido crepitante, que iba aumentando constantemente en intensidad. Parecía como si alguna enorme bestia se estuviese moviendo a través de la noche, desechando en absoluto el sigilo, y haciendo caso omiso de todos los obstáculos. En una ocasión Moon-Watcher oyó el inconfundible sonido de un matorral al ser arrancado de raíz; los elefantes y los dinoterios lo hacían a menudo, pero por lo demás se movían tan silenciosamente como los felinos.
Y de pronto llegó un sonido que Moon-Watcher no podía posiblemente haber identificado, pues jamás había sido oído antes en la historia del mundo. Era el rechinar del metal contra la piedra.
Moon-Watcher llegó junto a la Nueva Roca, al conducir la tribu al río a la primera claridad diurna. Había casi olvidado los terrores de la noche, porque nada había sucedido tras aquel ruido inicial, por lo que ni siquiera asoció aquella extraña cosa con peligro o con miedo. No había, después de todo nada alarmante en ello.
Era una losa rectangular, de una altura triple a la suya pero lo bastante estrecha como para abarcarla con sus brazos, y estaba hecha de algún material completamente transparente; en verdad que no era fácil verla excepto cuando el sol que se alzaba destellaba en sus bordes. Como Moon-Watcher no había topado nunca con hielo, ni agua cristalina, no había objetos naturales con los que pudiese comparar aquella aparición.
Ciertamente era más bien atractiva, y aunque él tenía por costumbre ser prudentemente cauto ante la mayoría de las novedades, no vacilo mucho antes de encaramarse a ella. Y como nada sucedió, tendió la mano y sintió una fría y dura superficie.
Tras varios minutos de intenso pensar, llegó a una brillante explicación. Era una roca, desde luego, y debió haber brotado durante la noche.
Arthur C. Clarke


1 Glomerito: bicho bolita

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